La industria alimentaria se enfrenta a un cambio significativo debido a la creciente popularidad de los medicamentos GLP-1. Según Food Industry Executive, aproximadamente el 11 % de los adultos en EE. UU. han comenzado a utilizar estos fármacos, lo que ha provocado una reducción en el gasto general en productos alimenticios.
Este cambio en el comportamiento del consumidor representa un riesgo financiero sustancial para las grandes marcas, con un valor estimado de 73 000 millones de dólares en juego. Mientras algunas empresas se reestructuran para adaptarse, otras se centran en la infraestructura, como es el caso de Coca-Cola, que está invirtiendo 10 000 millones de dólares en fabricación en EE. UU.
A estas presiones se suma un complejo escenario inflacionario. Aunque la inflación general de los alimentos se sitúa en el 1,3 %, los costes reales de producción están aumentando. Los costes de los insumos para los cereales han subido un 17,7 % y el diésel se ha disparado un 77,8 %, mientras que los patrones climáticos de El Niño generan riesgos adicionales para el sector.