Un solo ingrediente contaminado tiene la capacidad de paralizar una planta de producción completa. Sin embargo, el daño suele extenderse más allá de una sola instalación, pudiendo desplomar las ventas de toda una categoría alimentaria, incluso para aquellas empresas que no estuvieron implicadas en el incidente.
En un artículo para Food Industry Executive, Dan Spatz, de Oliver Wight Americas, sostiene que la preparación ante brotes alimentarios debe convertirse en una prioridad absoluta para los ejecutivos. Sugiere que las estrategias de respuesta necesarias deben estar plenamente definidas antes de que ocurra una crisis para mitigar estos riesgos generalizados.