En una mañana de sábado lluviosa y ventosa en el South Valley de Albuquerque, varias docenas de personas se reunieron bajo una carpa para celebrar la recuperación de un terreno cultivado. Earlson Creepingbear, anciano de la comunidad, dirigió una oración durante la inauguración, el 24 de octubre, de Raíces Sagradas Community Farm, un nuevo aula y espacio de encuentro construido en torno a unos 9.000 pies cuadrados de tierra de cultivo [1].
Su escala modesta es parte de lo que hace que la inauguración se sienta tangible. Este es un lugar destinado a poner los productos orgánicos, la educación agrícola y la vida comunitaria al alcance de todos. La propiedad fue en su día un vertedero ilegal; tras años de trabajo y planificación, ha sido transformada en una granja diseñada para el aprendizaje y la resiliencia climática a largo plazo [1]. Su transformación otorga al proyecto una clara dimensión humana: se le pide a una tierra abandonada que vuelva a nutrir a su vecindario.
Raíces Sagradas es un proyecto de la Agri-Cultura Network, un colectivo de pequeños agricultores y ganaderos con sede en el South Valley y procedentes de todo Nuevo México [1]. El objetivo declarado de la granja abarca la soberanía alimentaria, la agricultura indígena y la resiliencia climática, mientras que sus planes incluyen la capacitación laboral y el apoyo a la producción local de alimentos [2]. Dos invernaderos recién construidos están diseñados para permitir el cultivo durante todo el año, brindando un espacio práctico para las ambiciones educativas a medida que cambian las estaciones [3].
Esto es fundamental porque la granja no se presenta simplemente como una parcela donde crecerán cultivos. Es también un proyecto de demostración urbana, orgánica y regenerativa en desarrollo: un lugar donde la gente puede aprender cómo se producen los alimentos y adquirir experiencia en el trabajo agrícola [2]. Los líderes de Agri-Cultura Network han afirmado que el proyecto aspira a cultivar alimentos y fomentar la educación agrícola en todo el South Valley [2]. La celebración de apertura, que duró cuatro horas, congregó a miembros de la comunidad en torno a ese propósito compartido [3].
Hay una esperanza tenue en la forma en que estas funciones convergen en un mismo terreno. Los productos pueden responder a una necesidad inmediata; la capacitación puede ayudar a las personas a adquirir habilidades; un aula y un espacio de reunión pueden mantener el conocimiento en circulación. Ninguna de estas ambiciones es pequeña, pero aquí comienzan con un acto delimitado y visible: cuidar una tierra que había sido desechada. Raíces Sagradas tiene ahora la oportunidad de mostrar lo que puede significar el cultivo paciente cuando la producción de alimentos y el desarrollo de la capacidad local se tratan como una misma tarea comunitaria.
Opinión Yum: Considero que la conversión de tierras abandonadas en un espacio de trabajo dedicado a la alimentación y el aprendizaje es una medida discretamente poderosa de cuidado comunitario.